lunes, 28 de abril de 2014

Post 30: Exaptación y humildad


La exaptación es un interesante recurso de la naturaleza para aprovechar estructuras que tuvieron su origen en un contexto y darles una nueva oportunidad en otro. "El rasgo pudo formarse por selección natural para una función diferente de la que realiza en la actualidad y después restringirse para su función actual. Por ejemplo, las plumas podrían haber surgido originalmente en el contexto de la selección para el aislamiento, y sólo después sirvieron para el vuelo. En este caso, la forma general de las plumas es una adaptación para el aislamiento y una exaptación para el vuelo". 

En un sentido amplio y, si se quiere, poco riguroso,  una exaptación es el traspaso de una estructura desde un dominio de realidad a otro, tanto en el campo natural, artificial, ideacional o el que sea. Es una metáfora de la capacidad de adecuación y emergencia de lo nuevo a partir del cambio de contexto. Es algo así como aquello que los latinos llamaban  mutatis mutandis: "cambiando lo que haya que cambiar" lo llevamos a otro lugar y surge algo nuevo y valioso para alguien. Adecuándolo a un nuevo contexto algo, un objeto, una idea,  tiene una nueva oportunidad de vida. Por ese motivo es una buena base para la innovación. Gran parte del reciclaje se basa en este principio. ¿Nunca ha visto Ud. una botella de Coca-Cola convertida en una encantadora maceta de balcón?



Guttemberg, a su modo, hizo exaptación cuando utilizó la prensa para estrujar uvas como componente central de su imprenta, según nos cuenta Steven Johnson, ocurrencia que, a su modo y en concomitancia con otros procesos culturales, cambió muchas cosas del mundo del medioevo europeo. Nada ni nadie "cambia el mundo" de forma completa, dicho sea de paso: querer hacerlo es un slogan, una irresponsabilidad o una bravuconada, o todo a la vez.

Probablemente la exaptación  sea algo así como el principio de humildad de la innovación. Frente a la imágen de esta como algo siempre glamuroso y excepcional nos recuerda que generalmente surge usando creativamente lo preexistente.  Exaptar es muchas veces "tomar un componente viejo y buscarle una aplicación nueva". La misma WWW creada por Tim Berners-Lee, "una plataforma académica, se exaptó para comprar cosas, compartir imágenes y ver pornografía". 

Volvamos a Guttemberg:  su perspicacia consistió en trasladar algo ya preexistente en un espacio temporal y cultural (fabricación de  vino) a un nuevo contexto donde adquirió un  nuevo uso y nuevo valor (impresión de libros). Probablemente de aquí proviene el fuerte vínculo entre literatura y alcohol. 

sábado, 19 de abril de 2014

Post 29: Ventajas cooperativas y ventajas competitivas: ¿regreso de Kropotkin?


La cooperación, o la colaboración, se ha instalado en el centro de un nuevo modelo productivo. Todavía no es mayoritaria, estadísticamente hablando, pero señala maneras emergentes de organizar la vida económica. Nunca los modelos productivos son puros; siempre conviven con otros. Es cuestión de relevancia no de dominio o de extensión total. La llamada economía industrial nunca se expandió a todos los rincones del planeta de manera homogénea. Convivió y convive con extensas zonas y prácticas de tipo agrícola tradicional, por ejemplo, y con emergentes zonas digitalizadas, pero no cabe duda que fue y es hegemónico en relación a ellas. Su racionalidad productiva y organizativa así como su propio ethos cultural influyó en todos los ámbitos de la vida social y económica. Lo mismo sucede con la actual economía cognitiva, post-fordista y su expresión digitalizada, recombinatoria y colaborativa que afecta a una parte minoritaria de las prácticas económicas y culturales pero que sin lugar a dudas condiciona a los demás modos productivos presentes.

La economía se hace, cada vez más, colaborativa, repetimos; requiere de la cooperación y producción entre iguales (peer to peer)  como forma de reducir costes, de aumentar la velocidad de los procesos productivos y sobre todo, de recoger talento e ideas fuera de la gran empresa. Necesita de la colaboración  y extracción de información de la base de la pirámide, es decir del "común" y de los conocimientos, afectos, relaciones, imaginaciones e innovaciones que allí se producen. "Las empresas inteligentes y multimillonarias reconocen que la innovación suele iniciarse en la periferia del sistema" (Wikinomics). Eso es lo que otros llaman "innovación abierta", recoger el talento y la imaginación extramuros de la empresa y utilizarla como imput para dinamizarla y ser más competitiva.

Un espacio globalizado y conectado digitalmente permite extraer información desde cualquier nodo de una red. La información está cada vez más disponible. Los desafíos son traducirla, interpretarla y aplicarla. Por eso muchas empresas "han sacado partido a la colaboración y a la autoorganización en tanto que nuevos y potentes instrumentos para reducir costes e innovar con rapidez. (...) Hoy en día millones de individuos interconectados pueden participar activamente en la innovación, la creación de riqueza y el desarrollo social de formas que antaño no podían imaginar"  (Wikinomics)

Esta descripción pareciera dar cuenta de un mundo nuevo donde se ha instalado de manera amplia la cooperación entre los agentes económicos. Pero la razón no es altruista: la economía capitalista no tiene otra posibilidad que ser colaborativa al mismo tiempo que la lógica competitiva continúa siendo el motor de las iniciativas empresariales. No es una tardía victoria del príncipe Kropotkin y su apoyo mutuo quien aseguraba que "en lugar de la lucha, aparece la cooperación que conduce al desarrollo de las facultades intelectuales y de las cualidades morales, y que asegura a tal especie las mejores oportunidades de vivir y propasarse." El príncipe y geógrafo anarquista se preguntaba: "¿Quiénes son más aptos, aquellos que constantemente luchan entre sí o, por lo contrario, aquellos que se apoyan entre sí?" Y se respondía: "Los que sobreviven no son los más hábiles sino aquéllos que mejor saben unirse y apoyarse los unos a los otros -tanto los fuertes como los débiles- para el bienestar de toda su comunidad"

Pero nada más distante de la realidad de la colaboración. La colaboración actual es utilizada como recurso competitivo."Contribuir a la propiedad común no es altruismo: a menudo es la mejor manera de construir ecosistemas empresariales activos que utilizan una base de tecnología y saber para acelerar el conocimiento y la innovación" (Wikinomics). La competencia continúa siendo el mecanismo central de la economía. La diferencia estriba en que las ventajas colaborativas sostienen cada vez con mayor fuerza a las ventajas competitivas. Para competir hay que colaborar. Porque la disponibilidad  creciente las tecnologías de la información pone al alcance de todos los instrumentos necesarios" para colaborar, crear valor y competir"."  Está claro, lo dicen unos defensores acérrimos a la vez del modelo competitivo y colaborativo.(Wikinomics).

El modelo es entonces: colaborar-crear valor-competir que se diferencia de un modelo colaborativo "puro" que seguiría la lógica colaborar-crear valor-colaborar. Ambas lógicas son radicalmente distintas: un mismo medio, la colaboración, se utiliza para un fin distinto. En el primer caso, la creación de valor a través de la colaboración es un instrumento para competir; un mecanismo de extracción de conocimientos  y, por lo tanto, de valor, en espacios que han roto las barreras de entrada, se han abierto a los intercambios entre distintos actores, han generado confianzas recíprocas etc. Acto seguido los resultados de la colaboración vuelven a insertarse en el espacio del mercado competitivo. Es otra vuelta de tuerca para una privatización de la colaboración y, por lo tanto, del común. Se colabora para competir, o más bien algunos utilizan la colaboración de otros para competir. IBM "se beneficia de la buena voluntad de miles de desarrolladores de empresas e independientes que están comprometidos con la visión de Linux y el crecimiento de la comunidad" (Wikinomics). Aquí la ética colaborativa se entremezcla, a veces peligrosamente, con la ética competitiva. El llamado cuarto sector (actividad empresarial con fines sociales) es un claro ejemplo de ello. Sus patrocinadores afirman que su modelo es alternativo y diferente al modelo dominante. Pero no es así. Insistimos: el capitalismo se ha hecho colaborativo en su conjunto y lo será cada vez más. La llamada "economía colaborativa" y el cuarto sector per se  no cambian nada, no transgreden nada,sólo hacen explícito y, a su manera, profundizan el modelo de producción vigente.

En el segundo caso, la creación de valor a través de la colaboración tiene por objeto crear más colaboración y aprendizaje mutuo. Se colabora para aprender y se aprende a colaborar. Es un circuito virtuoso donde la competencia externa es una posibilidad entre otras muchas puesto que  lo relevante es el proceso de cooperación en sí mismo y los aprendizajes compartidos derivados de ello, teniendo como referente el bien común.

Es decir, existe una colaboración que es un medio para un fin: se colabora para competir mejor. Y una colaboración que es un fin en sí misma: se colabora para colaborar. Ambas son posibilidades disponibles para los actores sociales. El mundo es ancho y  heterogéneo, pero no hay que confundirlas.

domingo, 16 de febrero de 2014

Post 28:Opiniones e innovaciones de un payaso



X es un payaso. Se sube a un autobús del transporte público de la ciudad de Santiago de Chile (las "micros") con atuendo de payaso: grandes gafas amarillas, pelota verde en la nariz, pantalones enormes con círculos de fuertes colores, zapatos cada uno de un color distinto y una mochila. Se presenta como un estudiante de teatro que se gana unos pesos buscando hacer que las personas pasen un momento agradable en su trayectoria por la ciudad. Su show es una parodia de los vendedores de baratijas que también utilizan el espacio móvil, abarrotado y sudoroso de las micros santiaguinas para vender sus productos: "lo que nunca está de más en el hogar". "para la sed, la calor" " lo que en el supermercado le cuesta ...aquí se lo ofrecemos en..." Lenguaje y retórica de charlatanes: redundante, impostada y recitativa que X reproduce con precisión y oficio.

A medida que avanza por el pasillo del saturado vehículo va soltando chistes y ocurrencias casi a la misma velocidad con la que se desliza éste en la tarde del amarillento verano santiaguino: "por favor, avancen: atrás hay piscina y jacuzzi", grita. Pide permiso y espacio para realizar su número a unos pasajeros que lo miran con indiferencia, incomodidad o sencillamente desdén. Cuando por fin consigue un lugar más o menos despejado y estable en el "segundo piso" del vehículo, X comienza su espectáculo. Anuncia que vende un aparato portátil para sujetarse en las micros. Extrae a continuación de la mochila (del paracaidas la llama) un desatacador de WC (en Chile "sopapa") y con firmeza lo fija en el techo de la micro. Efectivamente, al asirlo desde el mango permite afirmarse y compensar los fuertes vaivenes del vehículo. Las risas aparecen frente a esta insólita propuesta. Luego de relatar las ventajas del artefacto, extrae otros productos que ofrece a los potenciales clientes: un rallador de verduras que lo presenta como lima para las uñas; un enorme aparato de metal como cepillo para limpiarse los dientes....las risas aumentan. Termina el show con el intento frustado de despegar el desatascador del techo de la micro. Más sonrisas e incluso carcajadas. Un triunfo que ahora nuestro artista pide que premiemos con una "colaboración voluntaria"

X es uno de los ¿docenas? ¿cientos? de vendedores, músicos, magos, cantantes, payasos, malabaristas etc. que diariamente se suben a los autobuses del transporte urbano de Santiago de Chile a "ganarse la vida". Flora y fauna urbana diversa, pintoresca, que en algunos casos ronda la mendicidad (los menos) y en otros es una forma profesional, eficaz y esforzada de trabajo (los más). Una micro es un mercado potencial con una alta tasa de atención potencial: algo que escasea según los conceptualizadores de la llamada "economía de la atención". Para los pasajeros no quedan muchas posibilidades de escapar del estrecho espacio acústico en movimiento.

Pero, de todos modos, las micros son un mercado saturado de ofertas, competitivo, duro, implacable. Aquí X ha desarrollado una oferta especializada: vende sonrisas en una sociedad que, evidentemente las necesita. X es un innovador. El Manual de Oslo diría que es un innovador de producto ¿o de marketing? como muchos otros de sus colegas que literal y diariamente luchan a brazo partido por hacerse un lugar en la urbe selvática santiaguina. Innova con su cuerpo, con su capacidad de hacer reir, con su imaginación, con su desparpajo. Su cuerpo y su lenguaje "deslenguado" son sus mercancías. El núcleo de su innovación ha consistido en una parodia, es decir, en una alusión irónica, a las práctica de sus colegas vendedores, a sus clichés y a su charlataneria. El payaso-charlatán se ríe, sin burla, de los charlatanes y, por lo tanto, de sí mismo, de este modo conecta con su clientela; alude a lugares comunes, principio y condición para cualquier tipo de comunicación efectiva.

No obstante, su tecnología no es "puntera". Difícilmente conseguiría recursos para una start up y sufriría lo indecible si se le pidiera un plan de negocios que avalara su "emprendimiento". Su actividad, no tiene ni tendrá ninguna presencia en el PIB, su sudor cotidiano es y será invisible a las estadísticas. Como otros tantos, para innovar no ha necesitado ni de magisters ni de doctorados, obsesión colectiva y síntoma de la patología credencialista de estos tiempos. Y, sin embargo, innova: observa, selecciona y reutiliza los recursos presentes en su entorno y con maestría los recombina y hace que emerja algo nuevo. Innovación ciertamente plebeya, cotidana, vulgar, pero talentosa y original. Como la de tantos que producen un saber social difuso e interstical.

Tal vez toda innovación sea una parodia; un diálogo con otros objetos, otros sujetos u otros textos. No es raro que lo paródico tenga que ver con la imitación y, a veces, con la copia y el plagio, temas claramente vinculados a la innovación. Probablemente, una buena inovación sea una buena parodia y viceversa: una buena copia que incluso puede mejorar el original. Las opiniones y las innovaciones de un payaso hay que tomárselas en serio. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Post: 27. Otras innovaciones son posibles



Artículo publicado en El Mostrador 4/02/2014
OTRAS INNOVACIONES SON POSIBLES: LOS ESPACIOS DE INNOVACIÓN COLABORATIVA

Leemos en un periódico chileno: “Falta de ingenieros y el rechazo al fracaso están entre los factores que afectan (negativamente) a la innovación” (La Tercera (05/01/2014). El artículo es una reseña del informe del Banco Mundial sobre el estado de la innovación (empresarial) titulado “El emprendimiento en América Latina: Muchas empresas y poca innovación” donde se realiza un análisis detallado, a partir de indicadores propios, de la situación de la innovación en el continente y se concluye  que a América Latina “le falta capacidad de innovación”, “pues las empresas necesitan innovar continuamente para crecer (o incluso para sobrevivir). Este es el aspecto del emprendimiento que se les da relativamente mal a las empresas de LAC  (Latin America and the Caribbean). Así, las empresas de LAC introducen productos nuevos con menos frecuencia que las empresas de otras economías similares, la gestión de los emprendedores de gama alta (sic) suele estar lejos de las mejores prácticas en el ámbito global, las empresas invierten poco en I+D y la actividad en materia de patentes está claramente por debajo de los niveles de referencia”.


Tanto el informe citado como el artículo periodístico constituyen un compendio de enunciados clásicos sobre innovación y son la expresión de la opinión estándar sobre la misma, es decir, la que todavía domina en el ámbito de las empresas, las políticas públicas, la producción académica y el sentido común ciudadano.
Innovación es un término bulímico, ingerido y regurgitado urbi et orbi. Es un término omnipresente en los medios de comunicación, en los escritos académicos, en las mil y una teorías de la gestión empresarial; en los discursos de las autoridades públicas, en las políticas de educación, culturales, tecnológicas, etc. La innovación se ha convertido en un dispositivo discursivo jerarquizador de prácticas sociales: la ausencia o presencia de innovación define niveles y categorías de países, regiones, economías, culturas, ciudades, instituciones, clases sociales e individuos. Innovar es un imperativo, se afirma: es un tren que no hay que perder. Y todo el mundo está de acuerdo con la metáfora ferroviaria.
A pesar de esta amplitud de situaciones de aplicación, es en el campo de la economía de mercado y su vinculación con el llamado “sistema ciencia/tecnología”, desde donde el término ha desplegado su influencia a todos los demás ámbitos sociales. Aquí la “destrucción creativa” schumpeteriana es presentada generalmente como el antecedente intelectual más potente de la actual expansión del concepto. Esta destrucción creativa fue definida por el economista vienés a la vez como descripción y elogio del comportamiento innovador del “emprendedor”. Este último es entendido como un sujeto paradigmático y ejemplar, cuya función “consiste en reformar o revolucionar el sistema de producción, explotando un invento o, de una manera más general, una posibilidad técnica no experimentada, para producir una mercancía antigua por un método nuevo, para abrir una nueva fuente de provisión de materias primas o una nueva salida para los productos, para reorganizar una industria, etc.”.
LA RIQUEZA DE LA INNOVACIÓN
Pero hace ya mucho tiempo que sabemos que la innovación no se limita a la ciencia ni a la tecnología ni a la economía y, sobre todo, que no se circunscribe a una única economía (hay muchas economías posibles: solidarias, ecológicas, cooperativas…) y que incluso la ciencia, la tecnología y la economía hegemónicas requieren de una base de creatividad social distribuida, “líquida”, azarosa, donde se produzcan los fermentos que luego podrán utilizar para su propios fines. Sabemos que hay diferentes maneras de entender la innovación; no sólo existe aquella que la vincula con la productividad y la hace formar parte de la familia I+D+i, aunque sea como el miembro menor y subordinado a sus hermanos mayores.
Sabemos que nuestras sociedades, sus instituciones, sus medios de comunicación, sus empresas, etc., no recogen toda la riqueza cultural existente. El talento, la imaginación y las capacidades de innovación y creatividad ciudadana y dentro de las organizaciones están subvaloradas y subutilizadas para el bienestar común. Hay desperdicio de ideas, conocimientos y prácticas sociales e inventiva individual que no encuentran cauces de expresión y realización concreta. Hay también saberes y prácticas ancestrales que van desapareciendo de la memoria colectiva y conocimientos que traen los nuevos habitantes de nuestras ciudades que no son incorporados al acervo común. Hay pérdida de sociodiversidad.
Sabemos que la innovación no es una cuestión de producción social de ingenieros ni, necesariamente, una tarea liderada sólo por grandes empresas. Ni mucho menos una cuestión de patentes. Sabemos que la innovación es una constante antropológica; es la capacidad natural de los homínidos para salir de los espacios de homogeneidad, de rutina y entropía que los rodean y que, incluso, la misma vida sobre la tierra es la “innovación primordial” que nunca se ha detenido, hasta ahora por lo menos y que, por efecto de la creatividad destructiva de un tipo de homínido, se encuentra amenazada. La innovación es el resultado espontáneo del encuentro de las sociedades humanas con las contingencias de la vida en común. Emerge, evidentemente, de los imperativos de la subsistencia, pero también del puro placer de la imaginación, es decir, de lo que no está sometido a las exigencias de la utilidad material inmediata o que se relaciona con otros tipos de utilidad.
Sabemos que la riqueza de la innovación va muchísimo más allá que la introducción de un “producto nuevo en el mercado” y que clasificar a los países por indicadores tan elementales como éste es una aberración. Vincular la innovación exclusivamente a la productividad, la empobrece y la enceguece frente a la riqueza, la imaginación y la creatividad distribuidas en todos los pliegues de la vida social.

LA COTIDIANEIDAD DE LA INNOVACIÓN


Sabemos que la importancia de la innovación no proviene de su excepcionalidad, de su rareza, sino de su cotidianeidad, de su normalidad, incluso de su vulgaridad. La innovación es del vulgo, es decir, de todos. La innovación no es una anomalía; es lo que los seres humanos realizamos de forma natural en nuestra vida cotidiana en colaboración con los demás. No hay innovadores de “gama alta” y “gama baja”, como predica el informe. El valor de una  innovación es relativo al contexto y a los actores para los que es importante. El diseño de un sofisticado producto biotecnológico o de una imaginativa empresa en Silicon Valley son casos particulares de la capacidad universal de la especie humana de hacer emerger algo distinto a partir de la recombinación de los elementos de los que dispone a su alrededor. En su contexto, al primero a quien se le ocurrió hacer una sandalia a partir de un trozo de neumático fue un genio.
Sabemos que el emprendedor individual es un anacronismo, un mito, una pesada herencia del capitalismo industrial, que tiene una vigencia más ideológica y mediática que empírica. Hace tiempo que las empresas más vanguardistas adoptan formas colaborativas para organizar la innovación. La mayoría de las empresas de la era Internet son el resultado de complejas prácticas colaborativas, cuyos productos son el resultado de la acumulación de capas de innovaciones modulares sucesivas. La sociedad de principios del siglo XXI y su forma económica, el capitalismo digitalizado, reticular y recombinante, más que basada en la iniciativas de emprendedores individuales (personajes aislados en la oscuridad de sus garajes o sus laboratorios), se sostiene por la participación de muchos actores en espacios colectivos, abiertos, interactivos y colaborativos donde la información fluye sin cortapisas. Muchas empresas, por ejemplo, hace ya tiempo que descubrieron que aumentaban sus beneficios si propiciaban ecosistemas o redes fluidas basadas en acuerdos con colaboradores externos, abriendo, por ejemplo, sus servicios de software y sus bases de datos informáticos a través de una interfaz de aplicaciones (API). Las ventajas cooperativas sustituyen a las ventajas competitivas.

ESPACIOS DE INNOVACIÓN COLABORATIVA


Sabemos, por último, que esas formas de innovación empresarial coexisten e interactúan con espacios de innovación colaborativa ciudadana que están surgiendo con mucha fuerza en todo el  mundo. Estas son nuevas formas de organizar la creatividad, el aprendizaje y la innovación. Son lugares de participación en lo común donde, sin ser rechazado, el objetivo del proyecto emprendedor empresarial individual no es una exigencia, sino una posibilidad entre otras muchas. Son espacios de prácticas “simétricas”, es decir, abiertos y horizontales, que acogen la diversidad de conocimientos y experiencias sociales distribuidas. Son espacios de diferencias no jerarquizadas, son lugares de experimentación, de prototipado de ideas, de objetos y vínculos. Hay muchos términos para describirlos: “laboratorios”, “talleres”, “hubs”, “fablabs”, “plataformas”, etc., pero todos dibujan ámbitos no convencionales de interacción, innovación social y producción de “buenas ideas”. Son “extituciones”. Si las instituciones son sistemas basados en un esquema dentro-fuera, las extituciones son espacios y tiempos en los que pueden ensamblarse, eventualmente, multitud de actores y prácticas distintas. Estos lugares son  plataformas abiertas de participación que, a semejanza de lo que sucede en la redes virtuales de Internet, proporcionan una base sociotecnológica sobre la que individuos y grupos  pueden innovar y crear valor. En Chile tenemos las experiencias de Santiago Maker Space,  MilmetroscuadradosAncora, entre otras. En España, existe la iniciativa pionera de Media Lab Prado, que es un programa del Ayuntamiento de Madrid, y, a nivel mundial, la red de Impact Hubs, por citar sólo algunas. Cada una con su propia identidad y explorando diversas formas de sustento económico y vínculo institucional, pero todas permitiendo el aprendizaje cooperativo, la expresión del talento social y recogiendo con hospitalidad las capacidades ausentes; cada una acogiendo y produciendo sociodiversidad.

PRINCIPIOS DE DISEÑO Y REDES DE ENTORNOS


El diseño organizacional, tanto de entidades privadas como públicas, tiene aquí mucho que aprender de estas nuevas plataformas de creatividad horizontales. Estas experiencias proveen de principios o pautas de diseño y modelos que, sistematizados y modelizados, pueden ser aplicables a otras situaciones organizacionales. Por otra parte, la construcción de nuevos entornos de innovación colaborativa, la potenciación de los existentes y su extensión en diferentes áreas de la sociedad, deberían ser un proyecto cultural y político de largo alcance. Las instituciones públicas pueden fomentar espacios de innovación ciudadana en los barrios, en los espacios educativos, de salud, etc., fomentando y recogiendo la creatividad colectiva en proyectos colaborativos. No es difícil imaginar redes de espacios de innovación colaborativa enraizadas localmente, receptivas a las demandas sociales y capaces de motivar e implicar a los ciudadanos, favoreciendo el diálogo con las instituciones.

miércoles, 29 de enero de 2014

Post 26: Lo borroso: alineamiento e identidades organizacionales


No cabe duda que cualquier organización para que opere en el mundo social, para que cumpla sus propósitos, debe estar basada en acuerdos, implícitos y explícitos, acerca de medios y metas, valores y proyectos. Toda organización es una tarea colectiva ordenada, de lo contrario sería un desorden inmanejable, y esa tarea requiere, entre otras mucha cosas, sentido de pertenencia o afiliación a una identidad común. 

Pero la nuevas formas de organización del trabajo humano, favorecidas por las tecnologías de la información, la globalización económica, la deslocalización productiva, la flexibilidad laboral, entre otros fenómenos así como la misma cultura Internet, abierta, participativa, horizontal e imbricada cada vez más directamente en los procesos productivos, son refractarias a los modos clásicos de entender la pertenencia y el compromiso de los miembros de una organización. La metáfora del "alineamiento" usado habitualmente en el mundo del management, los recursos humanos y la comunicación interna, para referirse a esa necesidad de integración  de las percepciones y voluntades internas no refleja adecuadamente las nuevas realidades organizacionales. El término tiene connotaciones demasiado verticalistas, demasiado rígidas, demasiado castrenses. En la actualidad, resulta difícil establecer "líneas" de demarcación, líneas de frontera, tanto territoriales como funcionales e incluso temporales o simbólicas, en formas organizativas que tienden cada vez  más a la disgregación externa, a la heterogeneidad interna, al cambio permanente y a la autoorganización. Todo eso afecta indudablemente a las subjetividades, a las pertenencias y a los compromisos. Para estar comprometido con una organización y su proyecto no es posible ni necesario "cerrar filas", entre otras cosas porque las líneas de referencia para alinearse se han movido y/o difuminado. Las líneas divisorias existen pero son más bien discontinuas o segmentadas y definen bordes borrosos para las organizaciones y sus identidades.

Las organizaciones verticales y rígidas, existen evidentemente, pero  no son paradigmas que señalen tendencias.  Al revés: constituyen modos declinantes de organizar  las prácticas colectivas: “Aunque las jerarquías no han desaparecido, los profundos cambios en la naturaleza de la tecnología, la demografía y la economía global están propiciando la aparición de nuevos y potentes modelos de producción basados en la comunidad, la colaboración y la autoorganización  y no en la jerarquía y el control” (Wikinomics. Tapscott, D./ Williams A.D.).

Los alineamientos rígidos ceden lugar a formas de pertenencia y compromiso móviles. Los lazos interpersonales se hacen débiles (weak ties) pero no por ello menos relevantes.  La existencia de lo borroso o lo difuso es un dato de la realidad no necesariamente un problema. Nos habla de complejidad  y paradoja más que de imposibilidad de enfrentarse a ella. Lo borroso en las fronteras e identidades organizacionales aumenta la incertidumbre pero también expresa riqueza cultural interna y exige otra manera de conceptualizarlas y de actuar comunicacionalmente. 

En matemáticas la llamada "lógica borrosa" se propone representar la incertidumbre y vaguedad y proporcionar recursos formalizados para enfrentar  la imprecisión de muchas realidades. La lógica borrosa aporta flexibilidad y tolerancia frente a la imprecisión. Sin necesidad de introducirnos en honduras matemáticas que, por otra parte, desconocemos, podemos utilizar la lógica borrosa como una buena metáfora para el análisis de las realidades organizacionales desde el punto de vista de la pertenencia y la identidad. Esa lógica nos dice, por ejemplo, que "mientras que en un conjunto clásico los elementos pertenecen o no  pertenecen a él totalmente (por ejemplo un número puede pertenecer o no al conjunto de los pares, pero no  pertenecerá con un determinado grado), en los conjuntos borrosos hay grados de pertenencia. Una de las máximas de la lógica borrosa es que todo se basa en grados. Hay grados de pertenencia a los conjuntos. Las pertenencias a un conjunto borroso no son excluyentes. Por eso un predicado vago o borroso no clasifica al universo en dos categorías o clases diferenciadas.  Es decir, “no tiene porqué verificarse o no verificarse, sino que se verificará en un cierto grado”. Llevando la metáfora de la lógica borrosa al ámbito organizacional eso implica que a los miembros de una organización no poseen pertenencias únicas ni excluyentes  ni mucho menos definitivas, sino grados variables de adscripción e identidad. El  “contrato identitario”, la pertenencia simbólica y afectiva, se hace más se hace más flexible, temporal y espacialmente condicionada, es decir, vigente en el "aquí y ahora" de la organización, efecto de diálogos y compromisos contingentes.

Lo borroso también es un tema cada vez más presente en las reflexiones sobre las imágenes visuales. Una fotografía borrosa puede ser vista como un defecto o como un efecto intencionalmente buscado. Puede ser entendida como déficit de nitidez (una pérdida de realidad) o como la aparición de algo nuevo algo no observado hasta ahora (una ganancia de realidad); las imágenes borrosas pueden mostrar “una visión del mundo que se escapa al ojo”. Por este motivo, una imagen borrosa de una organización puede permitir al observador (al gestor, al comunicador) ver nuevas realidades hasta ahora ocultas, paradójicamente,  por exceso de nitidez. Nuevas relaciones, nuevos vínculos,  nuevas posibilidades de comunicación organizacional pueden aparecer cuando la excesiva definición de los organigramas, las divisiones funcionales, las clasificaciones profesionales, las estructuras de competencias laborales etc. se hacen más borrosas. Cuando aparecen, por ejemplo, las tensiones entre proyectos, las diferencias culturales, los desacoplamientos estructurales, los relevos generacionales, las adaptaciones tecnológicas, los procesos de fusión  u otros signos de cambio y complejidad interna.

Es mejor conceptualizar a las organizaciones como realidades conversacionales, heterogéneas, cambiantes y tensionadas siempre entre pertenencias y desafecciones, entre orden y caos, entre fuerzas de integración y desintegración, como  cualquier sistema abierto. Esto lleva a pensar la función de comunicación interna como mediación entre diversidades, ensamblaje entre culturas o acoplamiento de módulos más que como alineamiento de voluntades. Seguir pensando en organizaciones homogéneas o  alineadas, reino de lo único,  puede llevar a la decepción o a la irritación a los profesionales de la comunicación organizacional. Es mejor pensarlas como espacio de lo común, lugar de diálogos y mediaciones.

martes, 24 de diciembre de 2013

Post 25: Teoría de la paella y entornos innovadores



La paella es un plato de arroz con carnes, verduras y mariscos cuya combinación es en la actualidad variable según regiones españolas e incluso mundiales.Originaria del territorio que hoy conocemos como Comunidad Valenciana, en España, representa un caso típico de modelo/variantes. Sobre una matriz  común se desarrollan innovaciones que siempre tienen que respetar un limite más allá del cual generalmente comienza la discusión acerca de la esencia, de lo verdadero, lo originario etc. Aparecen, entonces, los tradicionalistas, los vanguardistas y sus luchas.

La paella siempre ha sido un plato popular por sus ingredientes y manera de preparación.  Nació mezclando con arroz aquello que los campesinos del Delta del Ebro o de la Albufera valenciana tenían a mano: lo “posible adyacente” según la terminología de Steven Johnson. En sus inicios, y hasta no hace mucho  tiempo, incluía rata de la Albufera, roedor  de larga cola y habitante del cenagoso delta. Con el paso de los años este animalito fue sustituido por pollo, conejo, cerdo, mariscos y otras fuentes de proteínas.  Ingredientes humildes, básicos, pero cuya combinación dio lugar a que emergiera algo nuevo, distinto, valioso, sabroso.

Probablemente como todas las formas y variedades de “cocidos”, “cocimientos”, “cazuelas”, “pucheros” etc. se trataba de echar al cocer en  agua todo aquello comestible que se tuviera alcance de la mano, proveniente de la caza o de la huerta del propio cocinero y del intercambio con otros. La paella, como casi todas las creaciones gastronómicas, antes de la aparición de la “cocina de autor”  por lo menos,  ha sido una creación colectiva. Un continuo añadido de capas de información y prácticas nacidas del intercambio de experiencias, generalmente entre iguales. No es difícil concebirla como una actividad participativa nacida al calor de las brasas después de una jornada agotadora en los arrozales mediterráneos. En esos momentos, posiblemente de reunión circular en torno al fuego los ingredientes fueron experimentándose grupal y gradualmente como parte de una improvisada creación colectiva, probablemente en su gran mayoría, femenina.

Esas reuniones eran entornos innovadores. Mediante pruebas y errores sucesivos a lo largo del tiempo se fueron estabilizando determinadas prácticas y excluyendo otras. Una creación colectiva funciona por adición de ideas; pero no es una simple suma infinita de piezas sueltas. Requiere un cierre, un sentido. Una simple adición de perlas mediante un hilo se transforma, cuando se cierra, en un sistema: un collar de perlas cultivadas, un sistema emergente. Un agregado de partes es diversidad no relacionada, no organizada. No es un sistema pues un sistema es una organización y una organización implica regularidades y sentido. Una paella es diversidad organizada; es un sistema. El grupo de campesinos agotados y hambrientos cocinando en la ribera del río también es diversidad organizada; también es un sistema no diseñado a priori pero actuante y eficaz.

Todo entorno innovador es diversidad organizada de objetos y sujetos. Hay isomorfismo entre la paella y los grupos que la fueron creando a lo largo de los siglos. Todo creador proyecta su identidad sobre el objeto creado. Los ingredientes reflejan los aportes individuales pero no el conjunto que emerge por efecto de sus interacciones. Sabemos por la teoría de la Gestalt  que “el todo es más que la suma de las partes”, es decir, que para que la innovación se produzca las contribuciones parciales ganan al estar potenciadas por su participación en el todo. Pero también algo o mucho pierden porque sabemos, esta vez por Morin, que “el todo es menos que la suma de las partes”. Las partes, al hacer sistema con el todo pierden fracciones, variables, de su identidad, y por eso mismo deben renunciar a dominar el conjunto. El pimentón no debe aspirar a ser el sabor dominante de la paella, debe renunciar a ello, por el bien de los estómagos de todos. Toda participación en una empresa colectiva implica algún tipo de renuncia. Un entorno innovador así como debe equilibrar improvisación y planificación también debe equilibrar todo y parte. Demasiada presencia de ambos puede dar lugar a sistemas incompletos (poca presencia del sabor de los ingredientes) o excesivos (mucha particularidad no integrada; demasiada huella de los sabores originarios).

lunes, 4 de noviembre de 2013

Post 24: Entornos innovadores y aire acondicionado



Willis Carrier
 (1876-1950) inventó el acondicionador de aire. Su invento, se dice, modificó el curso de la demografía y de la economía del tórrido sureste de los Estados Unidos. Gracias a su artilugio miles de personas pudieron emigrar y establecerse en zonas antes inhabitables y muchos procesos productivos, hasta ese momento, infernales pudieron hacerse más llevaderos. Sean o no ciertos tales efectos de su invento, pues nunca hay sólo una causa para los fenómenos sociales, su figura ha representado al genio del emprendedor individual. Alguien que con inteligencia, audacia y perseverancia desarrolla tanto el invento como la empresa que lo sostiene. “La historia de Carrier representa el mito arquetípico de la invención moderna: un individuo muy listo, que trabaja en un laboratorio de investigación privado, bajo el impulso de su ambición y de la promesa de hacerse millonario da con una idea maravillosa gracias a un fogonazo de inspiración repentina y cambia el mundo”, dice Steven Johnson. Otros como Gates o Jobs en la actualidad simbolizan el mito del emprendedor excepcional. Johnson lo llama el "modelo Carrier" de innovación.

Afortunadamente, existe otra visión de la innovación que, sin negar la anterior, la entiende como experiencia colectiva en entornos innovadores. Hay espacios sociales que favorecen la innovación (pocos, muy pocos) y otros que la inhiben (desgraciadamente, la mayoría). El "modelo Carrier" de innovación reduce la innovación a unos cuantos genios excepcionales mientras que un modelo de "entornos innovadores" la amplia a muchos talentos individuales y colectivos. El genio individual es una excepción estadística. Los entornos innovadores, dentro de estrategias aleatorias, buscan aumentar las probabilidades de que emerja lo nuevo, lo distinto y lo valioso generando las condiciones de posibilidad para que esto ocurra.

La innovación es una constante antropológica y un rasgo evolutivo del homo sapiens. Los sujetos de la innovación somos todos. La capacidad innovadora se encuentra socialmente distribuida. No es fruto exclusivo del genio individual aislado, de su visión, de sus obsesiones. Si el genio aparece en algún momento del flujo social no es más que como un eslabón dentro de la corriente continua de las prácticas sociales. La perspectiva de los entornos innovadores entiende la innovación como el resultado de procesos de interacción entre individuos, diferentes en competencias, saberes y prácticas pero equivalentes en valor, en espacios diseñados ad hoc. Innovación significa aprovechamiento del talento social en espacios comunes de interacción con objetivo de conseguir el bienestar de todos.

Si bien la creatividad, la imaginación, la innovación no pueden diseñarse, pues son anomalías discontinuas imposibles de reconstruir retrospectivamente en su génesis y desarrollo, sí pueden diseñarse lugares de interacción pensados para que por colisiones, la mayor parte de ellas azarosas, se produzcan "hallazgos felices", "buenas ideas" dentro de redes abiertas y "líquidas"
Este tipo de innovación coincide con lo que ha sido llamado innovación “social”, “ciudadana”, “abierta” etc. aunque los significados de cada uno de estos términos no son exactamente los mismos. Las diferentes formas de innovación pueden diferenciarse por sus fines (los dos grandes tipos son aquí la "mercantilista" y la "altruista") y por quienes llevan cabo los procesos de innovación, es decir, sus sujetos (el individual  y el colectivo). La llamada innovación social no garantiza que sus prácticas sean ni colectivas ni no mercantilistas.

Desde la perspectiva de los entornos innovadores lo relevante es ampliar los espacios de participación colectiva en los procesos de innovación. A esa innovación  nosotros preferimos llamarla “simétrica” aludiendo a la horizontalidad de la interacción entre sus participantes, a las equivalencias entre sujetos y tecnologías, a sus objetivos de compartir los bienes comunes, a su ética colaborativa, a su carácter a la vez lúdico y altamente responsable con la sociedad y la naturaleza.
Las propuestas de Johnson están sostenida por una idea básica: la innovación se ve estimulada si se desarrolla dentro de sistemas con la mayor diversidad de elementos posibles y con interacciones constantes entre ellos de manera que hagan emerger configuraciones nuevas aprovechando los elementos disponibles. "Poco importa que los elementos sean en sí mismos nuevos; pueden ser o en realidad no pueden dejar de ser, anteriores y antiguos elementos que, recombinados, hagan aparecer sistemas o totalidades con valor distinto"

Los entornos  innovadores o espacios realizativos son sistemas sociotecnológicos sostenidos por una base importante de azar y por “lazos fuertes" al interior del sistema y por "lazos débiles" en sus contornos. En estos sistemas o plataformas se favorece la circulación de ideas, prácticas y motivaciones como efecto de formas de organización con un fuerte componente identitario y sentido de pertenencia. Corresponden, aunque no exclusivamente, a los nuevos espacios adscritos a la cultura abierta, al software libre, a las economías colaborativas o al procomún (Hubs, laboratorios, fablabs, espacios de  coworking etc.) que sin duda tienen capacidad de extenderse como ejemplos o referentes para muchos ámbitos y tipos de iniciativas sociales.

El diseño y extensión de entornos innovadores debería ser un proyecto cultural y político de largo alcance. Significaría la utilización del talento social distribuido y el aprovechamiento de la riqueza social ausente y desperdiciada, pues como decía George Basalla, historiador de la tecnología, "cualquier sociedad en cualquier época, genera un mayor potencial de innovación tecnológica del que puede llegar a explotar nunca"